Bienvenido al primer Blog sobre Economía Forense en Español

Blog: www.economiaforense.org
Contacto: José Antonio Avellaneda

Bienvenido a este proyecto de Blog que pretende desarrollar conceptos relacionados con la prueba pericial contable y económica en un intento de acercarlos al profesionales que los tiene que utilizar pero tiene una formación específica distinta. También es un cuaderno de bitácora sobre economía para no economistas y auditoría para no auditores.

¿Qué significa economía forense?

NOTA: Pásate por El Nanoeconomista y encontraras otras cuestiones interesantes relacionadas con la economía.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Tsunami concusal

Aunque lo correcto sería usar el término castellano/español “maremoto” a mí me gusta más utilizar “tsunami”, del japonés “tsu” (bahía) y “nami” (ola), porque parece que te pone más en situación.

Yo creo que, a estas alturas, todos sabemos que es un tsunami desde que los informativos nos estremecieran, hará unos cinco años, con lo que estaba sucediendo en el océano Índico:
Un terremoto submarino, con epicentro en las costas de Sumatra e Indonesia, iniciaba una serie de maremotos, con una magnitud por encima de nueve en la escala de Richter, que devastaban las costas del sur de Asia. Se estima que murieron en torno a 250.000 personas.

La verdad es que cuesta imaginar que algo que sucede a cientos de kilómetros de la costa, y a miles de metros de profundidad, pueda producir unos efectos tan destructivos. En cualquier caso hoy no toca hablar de los tsunamis de verdad, sino de los figurados.

Aquí tienes una estadística que muestra la “evolución del número de concursos de acreedores” (antigua suspensión de pagos y/o quiebra) desde el 2007.


Cuando en noviembre los medios de comunicación se apresuran a difundir la noticia de que en el tercer trimestre han caído drásticamente las solicitudes de concursos de acreedores me ha sorprendido ¿Estaban bajando los concursos de acreedores? ¿Estábamos realmente ante un “brote verde” o se le está dando pábulo mediante “falsas” buenas noticias?.

Lo cierto es que el hecho me llama la atención y hace que me pregunte: “¿Es posible que la economía estadística esté tan alejada de lo que sucede en la calle?”. En esto - como en todo - lo más importante, casi tanto como la respuesta, era hacerse la pregunta adecuada: ¿Porqué descienden los concursos? ¿Qué puede estar sucediendo para justificar tal descenso? ¿Acaso se trata de un “brote verde” real?

La explicación, como en los tsunamis, puede que la encontremos en algo alejado de la consecuencia, y que sucede en marzo de este mismo año: la aprobación, por el procedimiento de urgencia, del Real Decreto-ley 3/2009, de 27 de marzo, de “medidas urgentes en materia tributaria, financiera y concursal ante la evolución de la situación económica”.

Dicho precepto, entre otras cosas, modificaba el artículo 5 de la ley concursal que regula el deber de solicitar el concurso. Daba un nuevo sentido a la “propuesta anticipada de convenio” - o acuerdo con los acreedores – en virtud de la cual el deudor, incluso en estado de insolvencia, no estaba obligado a solicitar la declaración de concurso dentro de los dos meses siguientes a la fecha en la que hubiera conocido – o debiera haber conocido – su estado de insolvencia, como señalaba primitivamente el citado artículo 5.

Tras la reforma, el deber solicitar el concurso ya no es exigible, en el plazo señalado de dos meses, si el deudor ha “iniciado negociaciones” para llegar a un acuerdo (convenio anticipado) con sus acreedores… y lo pone en conocimiento del juzgado competente. Con posterioridad a esa comunicación, eso sí, el deudor tiene tres meses para negociar una propuesta de acuerdo y, en caso de no llegar a nada, tiene el deber de solicitar el concurso dentro del mes siguiente.

Esto, de facto, pone el contador a cero durante tres meses (más uno) y, lo más importante, crea lo que se conoce en la jerga concursal como un “escudo protector” para que ningún acreedor pueda instar el “concurso necesario” (cuando el concurso no es solicitado voluntariamente por el deudor sino que es un acreedor el que le “obliga” a hacerlo).

Estas dos cuestiones, que podrían estar correlacionadas de forma positiva, una acertada reforma ha hecho disminuir los concursos y aumentar los convenios deudor-acreedor, me temo que en la práctica – al menos es el sentir general en los foros concursales - no está siendo más que una prórroga, sin sentido alguno, a la hora de cumplir de forma responsable con el deber de solicitar el concurso. Retrasando, de este modo, todo el procedimiento durante cuatro meses, o sea… que lo peor está por venir.

Este – me temo - mal llamado “brote verde” no es más que una réplica de lo que sucediera en las costas asiáticas cuando se retiró el mar, dejando al descubierto cientos de metros de fondo marino, algo que hizo a muchos inconscientes aproximarse para contemplar ese asombroso acontecimiento. El resultado... ya lo conocemos: decenas de enormes olas invadieron tierra firma hasta más allá de un kilómetro.

Ahora, concursalmente hablando, esa insólita reducción de los procedimientos - y ojalá me equivoque - esperemos que no sea el preludio de una avalancha de concursos en cadena.

Espero equivocarme - repito - y que todo esto no sea más que fruto de mi imaginación…